En este estadio hay alambre de púas, como si fuera necesario de proteger a los futbolistas, como si los hinchas fueran salvajes. La manera en que son considerados puede avergonzarlos y también impedir que otras personas vengan a ver un partido de fútbol. Esto nos hace pensar en el período del COVID-19, cuando todo estaba vacío, sin público, sin emoción, como si el deporte estuviera muerto a causa de la violencia. Decimos no a la violencia, porque destruye el deporte. La violencia vacía nuestras canchas, vacía nuestros corazones.
Pero el fútbol también es algo positivo. Muchas personas les gusta jugar porque tienen amigos y pueden crear lazos. El deporte enseña a respetar a los compañeros, a compartir, a ser tolerantes y a divertirse. No hay pasión más grande que la vida. Los niños juegan sin violencia porque se respetan. Ellos no conocen el odio después de una derrota, al contrario, aprenden y siguen adelante. Estos niños van a ser los mejores del mundo, no solo por su talento, sino también por sus valores.
Vemos la violencia en las gradas de los estadios, con hinchas agresivos, fuego y mucho ruido. Todo cambia: las gradas están vacías, con los vestuarios, no hay jugadores ni comentaristas. La música en cierto video pasa de fuerte a lenta y triste, con piano, y la cámara muestra el vacío. Al final, aparece un mensaje: “La violencia vacía nuestras canchas y nuestros corazones”. “Que nada nos aleje de nuestra pasión”. Este contraste muestra que debemos luchar contra la violencia en el deporte y elegir el respeto.
“Contra la violencia en el deporte”
— Medica Uruguaya